El Iguazú aumentó la cantidad de vendedores de alimentos en la vía pública

Puerto Iguazú. Ana María es empleada de comercio y desde enero su tarde es más larga, “productiva” como ella lo define, porque de las ocho horas cuando cumplía con sus tareas en un mercado de Villa Alta solo se quedó con cuatro durante la mañana por decisión de su propio empleador. Desde marzo, junto a su hija adolescente preparan la logística de trabajo durante cuatro o cinco días para que el fin de semana sea muy productivo en la venta de pollos, sopa paraguaya y empanadas.

“Los lunes empiezo a trabajar con mi hija recogiendo los pedidos de los vecinos para dejar todo organizado para el fin de semana que tratamos de vender todo los que ofrecemos en la esquina: casi 30 docenas de empanadas, 25 o 30 pollos que hace mi marido en la parrilla y algo de sopa paraguaya porque todavía no tengo todos los elementos para cocinar en grandes cantidades”, dijo la empleada de comercio, ama de casa y ahora también vendedora ambulante en la esquina más importante del barrio Villa Alta.

Como ella, muchos habitantes de Puerto Iguazú comenzaron a tener actividades laborales paralelas a su trabajo formalmente registrado, en su propia vivienda o en la vereda, en la esquina más concurrida del barrio o en la plaza, en la costanera o avenidas más transitadas como Victoria Aguirre, República Argentina, Antártida Argentina, Néstor Kirchner y Su Santidad Papa Francisco. En coincidencia a lo que se observa a simple vista, desde la Municipalidad de Puerto Iguazú se informó que aumentaron las consultas para ejercer el comercio en la vía pública. “Es así, aumentaron las consultas para vender en la calle y si decís que no se puede vender en la calle igualmente lo hacen”, dijo Walter Chávez, Director de Bromatología Municipal.

Por lo tanto, “respetando las normas de higiene tratamos de hablar con ellos, de invitarlos a las charlas de higiene en la manipulación de alimentos, controlamos, informamos que no lo hagan en las avenidas del centro; pero también al aplicar las normas tratamos de tener sentido común en relación con el momento económico que vive la familia”, señaló el funcionario a cargo de una cartera muy sensible en estos momentos en relación con las necesidades de los trabajadores que buscan una alternativa para aumentar el ingreso económico familiar. “Esa familia tiene necesidades económicas, le decís que no pueden hacerlo en la vía pública y después lo hacen igual entonces preferimos que vengan a consultar y les invitamos a concurrir a los cursos y darles el carnet sanitario de 170 pesos anual, un solo pago, y la renovación sale la mitad al año siguiente”, indicó.

En los últimos 60 días se observó una mayor presencia de vendedores ambulantes sobre las calles de la ciudad turística, algunos con conflictos con los comerciantes que abonan sus impuestos y tasas de comercio municipal. “Yo le pedí de buena manera, con buenos modales, al panchero que ves allá (situado en una esquina) que salga frente a mi negocio y no me hacía caso hasta que llamé a la policía. Ahora se fue a la esquina”, explicó un empresario de la avenida Brasil.

Los carritos

José ahora se presenta como “panchero de profesión” y anteriormente trabajaba en una ferretería donde fue despedido por ajuste de personal. “En enero fui despedido y en febrero conseguí en Internet un carro panchero a 7 mil pesos. Hice arreglos con la ayuda de un amigo y me largué sin pensar si la municipalidad me deja o no me deja trabajar. Tengo 4 hijos, uno terminando la secundaria y todos debemos comer. Fui despedido y no me quedó otra opción que vender en la calle, algo que hice cuando era joven” dijo el vecino que reside en el barrio Primero de Mayo.

Además, señaló que impidieron su trabajo en la costanera y como consecuencia se trasladó hacia la plaza de los niños, en el barrio Villa Alta, pero terminó optando por estar cerca de la zona donde descansan los camioneros y taxistas en la zona industrial. “Es una zona con mucha gente laburante que matan el hambre con unos panchos”, agregó el ferretero que en alguna oportunidad fue carpintero y fabricó muebles para tres hoteles conocidos en la ciudad. “La vida da vueltas y por ahí vuelvo a ser carpintero alguna vez”, comentó.

Al respecto, el Director de Bromatología de la Municipalidad local explicó que en la costanera y en las avenidas del centro de la ciudad solicita no ejercer la práctica de la venta ambulante. “La costanera es un caso particular porque los fines de semana están todos allí, el estudiante que junta dinero para los viajes y el que necesita vender algo para subsistir. Explicamos a todos que lo hagan en otros lugares”, dijo el funcionario Walter Chávez.

Casi todo de Brasil

Los vendedores ambulantes que comercializan sus productos en la vía pública manifiestan que para que los números cierren a favor deben traer la mercadería desde Foz do Iguazú (Brasil) y son alimentos como pollo, hamburguesas y salchichas para panchos.

Alejandra y su hermana junto con su sobrina mayor que cursa sus estudios en la Epet 4 de esta ciudad venden panchos y hamburguesas diariamente desde las 18 hasta la medianoche y explicó la organización familiar para llevar adelante el trabajo de la venta en la vía pública. “Mi marido hace pollos los fines de semana y nosotros con el carrito vendemos hamburguesas y panchos. Todo compramos en Brasil porque si compráramos aquí deberíamos cobrar más caro y la venta baja o se van con las competencias” mientras que señaló que la hamburguesa la vende a 40 pesos y tres hamburguesas completas a 100 pesos. “Compro la caja de cinco kilos de salchichas en Brasil que trae más de 100 unidades”, comentó Alejandra.

Pero no son solamente los vendedores ambulantes los que comercializan productos de Brasil porque hay verdulerías que venden  frutas y verduras con origen del país vecino, mientras que las carnicerías compran cajas de chuleta de cerdo, bolsas de salchichas y enormes cajas de muslos de pollo.

Venta de garage

La venta de “garage”  hace muchos años se observa como actividad informal en la ciudad, aunque en los últimos tres meses se observa mayor cantidad de vecinos que comercializan carne asada, pollos y empanadas sumando así una variante a las conocidas tiendas de ropa de ferias americanas que ya es una costumbre observar en varias viviendas y en todos los barrios.

En ese sentido, “todos los alimentos compramos en Brasil” afirma Luis Ignacio, vendedor de pollo asado y vecino del barrio Belén. “Trato de pedir a una persona que pase los pollos, tiene experiencia en la aduana y trae a los comerciantes también”, dijo. Además, explicó que si comercializa los pollos argentinos sus pares en el mismo barrio venderán más que él. “Todos o casi todos compran en Brasil y si compito con pollos argentinos voy a perder”, agregó el hombre que trabaja en una empresa de seguridad privada de noche y mantiene a su familia con la ayuda de la venta informal de comidas rápidas. “Por el bienestar de la familia hay que buscar opciones como estas”, opinó el padre de 3 hijos en edad escolar.

 

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